
Las rapaces te persiguen, tratas de escapar, pero el paisaje - desnudo desprecia a quien vive cerca del sexo del diablo, lo sabes, corre, se te hace tarde, desgarra tu vientre y observa tus senos consumidos por el aire podrido, por la sangre de los niños. Lascivia en tus ojos cuando ves el cadáver, canciones guturales nacen de las montañas. Tu abuela te lo advirtió: no mojes la cama, que sean otros los que lo hagan. Tus piernas haladas cuelgan del campanario desde hace diez días, quince o tal vez desde siempre. Agáchate que no te vean. Corre. Corre. Ya están aquí los sátiros para hacer de tu flujo un lugar de descanso. Sé que quieres. Sé que tu cuerpo levanta la cabeza: Quieres alimentarte, quieres saciarte. Acuérdate de Dios, de cuando rezabas en la oscuridad, de cuando los pecados dejaban de serlo tras ser nombrados. Una perra en celo con los cabellos secos te desafía. No sientes miedo, tú has buscado un nombre, un estremecimiento, sólo querías leche fresca, que tus hijos se meen de odio.